Permiso autorizado por Oswaldo Castro Alfaro

SÁBADO

Spaceman

Angelina despierta sobresaltada. El corazón acelerado, la respiración agitada y los tímpanos  retumbando le recuerdan el sueño que le desordenó la cama. La sábana de arriba está en el suelo y la de abajo exhala un olor misterioso que no identifica. Se ruboriza al verse desnuda y observa sorprendida  ciertas áreas enrojecidas en el abdomen. Unas marcas extrañas en las muñecas le producen incomodidad. Concluye que Rafael le hizo el amor en lo más profundo del inconsciente. Laxada por el cansancio inusual que recorre su cuerpo, resta importancia a los hallazgos y se tranquiliza imaginando el frenesí involuntario a que fue sometida. Decide permanecer acostada unos minutos más y diferir el trabajo traído a casa para el fin de semana. No se avergüenza de haber tenido sexo con un hombre casado que adora a su mujer y no reprime el mohín de satisfacción  al sentir  inflamada la zona vaginal. Las convicciones religiosas que la consumen le impiden dar rienda suelta a la lujuria que la atormenta y se conforma con la infidelidad onírica del amor platónico. Es incapaz de avanzar para llevarlo físicamente al pecado y seguirá relamiéndose las ganas.

Somnolienta en el arrullo mentiroso Angelina recuerda el sueño en que lo esperó perfumada de pies a cabeza. Lo enredó con aromas cuando estuvo entre sus brazos y los cabellos alborotados lo embrujaron. Suspiró al mostrarle los hermosos senos coronados por pezones erguidos y las piernas dejaron caer el calzón mansamente. No está segura si fue Rafael quien se dio cuenta de su sexo húmedo, porque en los sueños las personas y lugares se confunden.

Angelina le ofreció su desnudez. Rafael le dibujó la piel con besos lentos y eternos. Le recorrió la espalda agitada mientras ella temblaba. Empezó por la nuca y trazó la espina dorsal. La llenó de escalofríos al masajearle los glúteos a plenitud. Angelina le otorgó autorización incondicional para explorar su pubis y disfrutarlo con los labios, con la punta de la lengua. Rafael la hizo jadear de placer contenido. Angelina lo lamió completo, saboreándolo poco a poco. Rafael no resistió más y entró con permiso. En ese instante los gritos silenciosos de Angelina pidieron hacerlo una y otra vez.

DOMINGO   

El esfuerzo hecho para terminar la documentación pendiente me extenuó y el cansancio que llevo a cuestas conduce hacia el descanso nocturno reparador. Tengo una cita con Rafael y haremos el amor como anoche. He dejado atrás el sentimiento de culpa y seré suya aunque sea de esta manera ficticia.

Estoy en el dintel de mi sueño, coqueta, linda y ansiosa. La falda que uso es transparente y deja poco a la imaginación. Lo veo al final de la escalera y esbozo una sonrisa tímida tratando de ocultar la emoción. Me obsequia una rosa roja y un beso en la mejilla. No distingo su rostro, pero es Rafael, ¿lo es? Debe ser porque si no ¿qué hace un intruso en mi sueño? No tiene permiso para estar aquí. Es Rafael, me convenzo. Se acomoda en el sillón y me devora con los ojos, los siento clavados en mí. Me excuso diciendo que voy a colocar la flor en un vaso con agua y regreso con la botella de vino y las copas. La descorcha y lo sirve. Bebemos, nos miramos, nos deseamos. Me besa y me dejo llevar. Acepto que sus labios se enreden con los míos y que su lengua sin prisa se mezcle con la mía, despacio, profundizando la excitación. Cierro los ojos y mi falda cae suavemente sobre el piso. Mi clítoris expectante aguarda entusiasmado. Con cuidado separa mis piernas y lo acaricia. Rafael, siente mi vagina húmeda, introduce los dedos y busca mi punto G. Muy excitada me saco la blusa y el sostén mientras lo apuro a quitarse la ropa. Es exactamente como lo imaginé, el deseo de mis noches desveladas. Presurosa me retiro el calzón y quedo a su merced. Me levanta del sillón y vamos hacia la cama. Con el resto de vino me moja el cuerpo y no queda un centímetro que no haya bebido. El primer orgasmo explota y mi cabeza se llena de fuegos artificiales. Me penetra y siento su fuerza sobrenatural entrando y saliendo. Coloca mis piernas sobre sus hombros y es tan fuerte que puedo morir de gozo. No doy más, estoy mareada, todo gira y le pido que termine dentro de mí. Aprieto los labios para no gritar y recibo el semen tibio que eyacula, llevándome otra vez a la gloria.

LUNES

La madrugada es tibia en esta época y aprovecho para oxigenarme en la terraza. Apoyada en la baranda inhalo y exhalo el amanecer. Revivo en cada respiración y mi mente va entendiendo los sueños recientes. Los moretones y arañazos  fueron hechos por una criatura ajena a esta dimensión. El ardor y heridas vaginales diagnostican el poder de alguien que no pertenece a mis creencias. No es Rafael quien me ama. El desconocido me intimida y aterroriza en cada orgasmo.

El tiempo parece detenerse en la terraza. El aroma indescriptible de su libido flota en el aire. Empiezo a temblar ante lo desconocido. Estoy sola y debo enfrentar la raíz de este sentimiento maligno. Necesito fortaleza para no ser avasallada por un ser del inframundo. Mi fe católica será el soporte en la batalla que  empezaré. Rezo en silencio y quedo en manos de Dios, El bullicio de las aves está detenido y las copas de los árboles han dejado de mecerse. La quietud delata su presencia. Me estremezco de angustia y a la vez de pasión.

La aspereza de esas manos me es desconocida. La disfruto mientras excita mis pechos. Apoyada contra la baranda siento que suavemente me separa los glúteos. No espero el fuego volcánico sino el trozo de hielo que empieza a alocarme.  Hace delirar mi vagina y calladamente alcanzo al orgasmo. Ya no es un sueño, no es Rafael. Escucho el murmullo ininteligible que sale de sus fauces y mi cuello se baña con la baba de su mal aliento. Huele a corral de cabras y es una realidad.  Rafael no existe en mi mundo y estoy condenada a esta gélida pasión que derrite mis carnes.

Volteo para conocerlo y sus cuencas vacías reflejan la profundidad de la nada. Sonríe y la mueca de amor me desarma. Besa mi mano y se desliza por el filo de mi imaginación. A lo lejos escucho que vendrá en la noche. Me transmite miedo y el pánico de llevar su semilla en mis entrañas me ilusiona.

Lucas Lucatero, Lima, Perú. Médico-Cirujano. cuento “PATERNIDAD” se incluye en la antología “Cuentos peruanos sobre objetos malditos” de la editorial El Gato descalzo (2018) Cuento “QUEROVILCAY” integra la Antología internacional de ciencia ficción y narrativa fantástica en un contexto neo indigenista a ser publicado por PEN BOLIVIA (2018).

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Permiso autorizado por Oswaldo Castro Alfaro

El ropero por Lucas Lucatero

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Vivía en un departamento cerca del centro. Unosetenta, buenas proporciones, aperlada, veintitantos; su madre se fugó con un mecánico tan sólo tres meses después de que su padre murió. Quedó al cuidado de sus abuelos; se habían mudado a una ciudad menos estresada y ella iba a verlos de vez en cuando. Cada noche fumaba un Lukestraic y tomaba café con treinta mililitros de leche; se lo agregaba con un vaso que había comprado en una botica. Antes de acostarse revisaba en su agenda lo que tenía que hacer al otro día o leía algo.  A las 12pm su celular entonaba a Beethoven, la lánguida lámpara se moría y dejaba el minicomponente en función: siempre una ópera diferente, Rossini, Verdi, Orff, Puccini. Esa noche de martes Turandot la arrulló. La misma tonada de Beethoven, la Novena, le avisaba que la hora había llegado a las 5 am; se dirigía al baño, se desvestía, calibraba el agua y con una sensación de estremecimiento se metía a bañar. Se enjuagaba con parsimonia, desde las torneadas piernas con pantorrillas pronunciadas, hasta sus pezones rebeldes, girasoles inexpugnables ante la mano o lengua de varón alguno; en ocasiones se llegó a acariciar los senos resbalosos, enjabonados y sentía un ligero palpitar y cierta comezón caliente, húmeda, entre las piernas, entonces sentía mucha culpa. Lloraba. No era fea, su actitud con los hombres era hosca. Continue reading “El ropero por Lucas Lucatero”

El ropero por Lucas Lucatero

Carretera por Jonathan Vázquez

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Odias tu trabajo. Te repites, por enésima vez, que ahora sí vas a renunciar. Suspiras, cansado. Mantienes, con una firmeza involuntaria, el volante y fijas los ojos en la carretera. Un bostezo te arrolla, el horizonte gradualmente oscurece. Quieres dormir, pero no puedes. A pesar de que llevas un par de horas de ventaja en el viaje no puedes. Aún hay mucho por recorrer. Resignado a cumplir con tu tarea —que te convences será la última que hagas—, enciendes la radio. Un suave jazz acentúa el ambiente mohíno en la cabina del camión que conduces. Sigue cayendo la noche… La música empieza a dejar de ser una compañía. Estás fatigado. El gruñir del viento llena tus oídos y despeina tu cabello. Subes el cristal de la ventana. Enciendes las luces. Cambias la estación del radio buscando algo que te mantenga despierto. Encuentras un programa donde leen cuentos de terror.

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Carretera por Jonathan Vázquez

Descomunal de James Arias

Les dejamos otro texto que merece una mención honorífica de la convocatoria #29.

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Descomunal

Ricardo me mira con esos ojazos negros encharcados por la certeza de que, esta vez, no hay retorno. No cumplo mi parte del pacto y sé que él, en mi lugar, haría lo mismo. Siempre lo supe. Desde el comienzo, cuando lo asfixié con la bolsa de plástico mientras lo penetraba hasta el filo del clímax. Pero luego, al estrangularlo con la corbata sentí que, en tropel delirante, un negro corcel me atravesaba la cordura. Así que cuando pasamos a la navaja, la suerte estaba echada. Amado Ricardo, por ahora, no puedo morir. El ansia es descomunal y ya no hay regreso para mí tampoco. Te dejo ir, como a un barquito de papel, abandonado al manso arroyo de sangre que te brota a borbotones de la garganta.

 

 

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James Arias,Canadá/Colombia. Periodista y crítico de cine, en uso de buen retiro, James Arias es una máquina de tragar libros, películas y música, y de escribir relatos. Actualmente vive en Canadá, pero colabora, esporádicamente, con algunos medios de información colombianos.

Descomunal de James Arias

Marinella de Daniel Molina

Como lo prometido es deuda, comenzamos el año con las menciones honoríficas de la convocatoria de terror erótico. Sin ningún orden en específico damos inicio con Marinella, del escritor Daniel Molina. ¡Que la disfruten!

Marinella

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Marinella se llamaba —o me mintió—,

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Marinella de Daniel Molina

Los habitantes de invierno por Mabel Bello de Cayrús

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Con los primeros fríos comienza el movimiento de altas y bajas en los ranchos de la costa, el invierno allí, contra el océano, es duro, se vuelve hostil.

Cuando llega la noche, el viento corta la cara y las ventanas aúllan lúgubres y el mar ruge, con un triste gemido que semeja un llanto desesperado.

Se ha ido el último turista, ahora la soledad es la reina del lugar, la ausencia de luz eléctrica, la oscuridad tan preciada por el visitante, se vuelve angustia y tristeza para los habitantes del lugar. En las noches sólo un débil haz de luz del faro riega los senderos y luego todo es sombras, soledad, oscuridad.

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Los habitantes de invierno por Mabel Bello de Cayrús

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