Cartas para acallar recuerdos demenciales – Julian Esteban Alvarez

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Foto por Veronika Homchis

Mientras yacía en el sillón decía:

-Entre tintas y letras la calma abandona cualquier posibilidad de “ser” en el. Las letras no son tantas, las palabras no alcanzan, las frases y sus conectores no son suficientes para él, o para mí bueno es lo mismo. Veo que en ese momento tenía en mi mente “las tintas son del tintero, las palabras son para la platica, pero ¿como hago yo para transmitirle mi mensaje de la forma en que yo quiero? ¿Como transmitir sentimientos? ¿como transmitir aquello que yo siento?”. – pensó eso con un aire de desolación mientras se veía en el recuerdo como pegaba la nota en su pupitre con un sticker que había retirado de la carta de ella, de los que salen en los bombones con muñecos de moda en la televisión, donde ella, en la mañana siguiente la leería con minucia y le dejaría la suya ahí mismo, donde él, al ingresar al colegio su primera tarea sería retirar la nota y leerla permitiendo que su corazón se acelerase.

-Era un amor de esos prohibidos, de esos que no pueden ser,- continuaba diciendo en el sillón – ella con un imbécil, yo en una situación similar. Era de esos amores que no son amor porque no se puede, de esos que inician como preparando el terreno de algo que puede llegar más allá.

Y así fue, lo que él veía en su propio recuerdo era la imagen de esa felina en cuerpo de humana a la que el mundo comenzaba a quedarle pequeño, algo que quizá él pensaba de sí pero con menos vanidad.

Después de pensar esto abandonó el sillón, la computadora y la esperanza. El tiempo pasa, con él pasan los momentos, las escenas y los escenarios. La vorágine formada por las abstracciones mentales, las proyecciones del inconsciente o porque no, recuerdos inmortales, hacen que no solo gire su mente sino también su perspectiva de vida.

Después de tantos años, de no coincidir, quizá de coincidir en el momento inoportuno, ella regresa tan cerca de él que ni siquiera lo advirtieron. Cuando el se percato de la cercanía de ella, no dudo en abraz…. En realidad no fue así, como un imbécil, solo se limito a observarla lo lejos con ligera timidez, saludar y conservar la distancia. Ahora, aunque fingiera ignorancia ambos notaron el innegable cambio que da la vida en unos tantos años, su espíritu felino ha jugueteando siempre en la mente de él sin que ella se percate, en cambio el espíritu guerrero, burdo y torpe de él poco a poco fue desvaneciendo de su memoria.

-Algo ha cambiado en mí, ahora los mensajes no solo los transmiten las letras, ahora las palabras no necesitan esmerarse en convertirse en sentimientos, ahora es momento de transmitir mi afecto de la forma más pura. Se dijo el. En el momento que pensó en la palabra “Tomar” llegó a su cabeza la imagen de una cerveza rubia, como el cabello de ella…e ingresó nuevamente al trance. -¿quieres una cerveza? Le preguntó ella, como leyéndole la mente.

– Rubia por favor, respondió él.

En el momento en el que ella Abrió el refri y sacó la cerveza, una hermosa felina exhibió su presencia, una hermosa gata que deambulaba con mucha presencia una felina que juega un papel muy importante, pues en este momento es quien le transmitió el mensaje. Quizá la primera felina de su vida, pues tiene el nombre de la primera mujer.

Despertó nuevamente y se dijo con voz victoriosa ¡Eso es!, se levantó de un salto y comenzó a caminar por toda la casa, caminar buscando ideas, caminar buscándose a sí mismo encontrando el mecanismo perfecto para transmitir sus sentimientos. se acercó al refri, se sirvió un vaso con agua en su nevera, en la parte superior un panal de huevos, de los que vienen partidos a la mitad, un olor a harina y miel junto con el viento de la tarde, el ambiente propicio para la tranquilidad de cualquier glotón. “Chocolates” pensó, le llevaré chocolates, y supo que no tendría otra oportunidad de darselos, nuevamente su positivismo se encontró al nivel de sus tobillos, ella no querría regresar donde él, él no tendría otra oportunidad para dejar sus cartas, no tendría la mínima oportunidad, no las cartas como convencionalmente se piensan, ¡eso es! Se dijo nuevamente sin temor a fallar, CARTAS CON DEMENCIA, las cosas no serán jamás como parecen, no es lo mismo enviar un mensaje convencional a uno de esos mensajes que te hacen sentir con demencia, mensajes pequeños regados en diferentes puntos específicos que te hacen pensar si te faltó un eslabón para completar el mensaje.

Y en este punto me cuestioné si he leído completamente los mensajes? En este momento recuerdo haber recorrido la melancolía, la traición o el mal? No estoy seguro, de saber cómo funciona la maqueta del fin, cayó su mente, se calmó y comenzó a ingeniarse un plan.

Montó sus botas y se dispuso a trabajar, compró unos chocolates, los mas bonitos que encontró en sus cercanías y se dirigió a la casa de ella. En la parte interior de la tapa de los chocolates pego un papel con un mensaje poco convencional, tenía como objetivo ser la primera carta con demencia entregada, tenía como objetivo simbolizar a esas primeras cartas, que entre la clandestinidad se suelen dejar en los pupitres escolares, las cosas han cambiado, ahora tenían como objetivo dejarse entre la clandestinidad de su edificio, los dejo en su puerta y escapó lo más rápido que pudo.

Ahora, abro lo ojos y me encuentro con estas frías teclas, que me llevaron muy profundo, profundo en mi interior, ya recordé al pasado como lo dijo la luna y el fin del mundo como se conoce quizá está más cerca de lo que imaginamos. Ahora abro los ojos y comienzo a ser consciente que esta carta está más retrasada que cualquiera pero tiene un mensaje oculto que solo los ojos del que quiere ver podrá analizar, recordando que tus ojos solo ven lo que tu mente conoce. Ahora abro los ojos permitiendo mirarte a los tuyos a través de estas líneas. Ahora abro los ojos permitiendo entrar más profundo en tu ser. Ahora se a que se refería la luna, Ahora te entrego esta, la segunda carta con demencia.

-Cuentame mas de ese amor. Inmediatamente, sin dar tiempo de espera se respondió a sí mismo, ya es hora de despertar, viene mi enfermera. Ahora yo despierto ¿y tu, no lo recuerdas? ¡Despierta!

Y su vida siguió como la de un mortal cualquiera, en medio de esas cuatro paredes escribiendo en un manicomio donde conserva la esperanza de que algún día lo rescatarán, “yo sé que esto es real” piensa a cada instante, “yo sé que la enfermera que todas las noches me trae mi medicina está conmigo en este plan, yo sé que entre los dos nos encargaremos de desatar el principio del fin del mundo”.

No siendo más me permito despedirme, al menos en esta carta, en la espera de una respuesta, en la espera y en el desespero. Ya es hora de que él despierte como un mortal y tu ahora despiertes con Demencia.

 

Firmado por: Alzith, Manicomio Rockfield, año 1886.

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