¿Qué haría hoy Don Quijote con los molinos? – Rita M. Gardellini

Analógica ironía de una triste figura

April 28, 2016

¿Qué haría hoy Don Quijote con los molinos?

Lo remixó con el Rap de su primo, lo aceleró y lo lentificó; creado el ritmo alucinado, le sumó las voces y las repeticiones. Volvió a mirar el vídeo y lo presentó. ¿Querían cagarse de risa?, él proveería las vituallas, un poco sórdidas, algo desprejuiciadas, pero tenía que compensar la ausencia del lucrativo sexo.

 

 No veía la pantalla, miraba a la Junta, iba bien. Aunque sólo importaba Sánchez, Quijano, Montalvo y los otros no iban a oponérsele, y menos, el empalagoso Carrasco.

 Iniciaba con el magullado jinete trajinando inclinado sobre el aturdido jamelgo, movimientos cinéfilos: sutiles y raleados,  aguardando la caída que no se producía; intercalando, aparecía en primer plano, el regordete escudero –un hallazgo histriónico, aun sin pulir–­ aplicando repetidas veces que se enderezase del molimiento o con tanto gusto bebiendo empinado de la bota. Evidente, detuvo las imágenes publicitando la bodega malagueña, éstas resultaban imperceptibles al ojo pero lo importante era que rengueaban en el inconsciente, se tentó en no mostrar el ardid y luego consultar sobre las apetencias pero no era un encuentro lúdico, además, esos deslumbramientos a Sánchez no le interesaban, hacía siglos que había abandonado la inocencia de la profesión.

Seguía con el triste andariego arremetiendo al galope contra el molino, varias cámaras lentas para el choque, bien desmenuzado cada impacto, troceados los pedazos de la lanza con el opuesto de la anterior altiva y en ristre, y lo mejor: el vuelo de ambos al quedar enganchados de las aspas, sin perderse detalle de las expresiones: desorientado el rocín, y estupefacto el desmontado. El panzón avanzando apurado con los trancos torpes del asno y el rodamiento de los maltrechos por el campo. Escuchaba las carcajadas, en especial con los congelados de los gestos. Creó un efecto marioneta de muecas desesperadas y nubes en noria.

 Luego surgía la conversa que precedió, la advertencia de que ¡eran molinos!, y la que continuó, con el altivo discurso completo«que las cosas de la guerra, más que otras, están sujetas a continua mudanza, cuanto más que yo pienso, y es así verdad, que aquel sabio Frestón, que me robó el aposento y los libros, ha vuelto estos gigantes en molinos por quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene; mas al cabo al cabo han de poder poco sus malas artes contra la voluntad de mi espada»  y aquí, el lucimiento especial: entrelazado en el monólogo, cinco juegos de  tics cinéticos y tartamudeos de desdichos de políticos y celebridades, con dedicado esmero a las lágrimas de los desamores y las grandilocuencias impúdicas de las promesas en campaña, blanco y negro del mismo elegido. Y lo que le llevó sólo dejar las cinco más convenientes, un rato en el archivo y tenía para varias secuelas.

 

 Al cierre, el nombre peregrino, dulce y musical de su dama Dulcinea del Toboso, cuando era solicitado para que lo socorriese en el trance, y puntual, el toque cursi de una «ella» en supuesto enamoramiento en cantidad de selfies, en contrafigura de la real sin los artilugios delphotoshop, y arguyendo la andanada de los estéticos de los que ninguna mujer debe privarse por merecerlos.

 Y el complot final: un acercamiento a los aerogeneradores eólicos danzando limpios y seguros al viento, destacando la imposibilidad del volado accidente de Rocinante y Quijote.

 Silencio. Aguardaron.

 –­  Lo último, la arenga pro bio, dudo que la acepten, no comen vidrio degradable –risas rápidas porque siguió hablando –. Visión original, simpática, con el certero mensaje ambiental. Harto sabemos que no van a darnos otro planeta, así que el verde rescate no admite demoras, energías renovables, desarrollo sostenible, lindito el toque altruista pero, ¡no me jodás!… cualquiera se da cuenta el trasfondo de origen. Esa gente quiere transparencia.

 –­  Lo modifico, ya tengo ideas para realizarla en contra, favoreciendo a la generosa industria contaminante.

 

 –­  Que tanto necesita nuestra mezquina ayuda –no pudo evitar la cínica sonrisa, de inmediato correspondida por el séquito –. Por ahora dejala así, después vemos si podemos permitirnos el lujo del lindito toque altruista o seguir con la manada mercenaria.

 –­  Según el comprador: la venta.

–­  Lo importante. ¿Permisos? No quiero enredos legales.

 –­  Todo en orden y vigente, ya lo constaté con Jurídica, cada tutor legal de los internados, cuando firmó el acuerdo…

 No lo dejó proseguir, hizo el gesto apurado de las cejas, un escueto aprobado y se retiró.

Carrasco lo palmeaba, en cada aliento se soltaba el sentir de la envidia carcomida y contenida.

 ¡Pedazo de hijoe!, hace tres años que se finalizó el reality en el manicomio y  aún logra re fritos que generan nuevos dineros. Esto se hará viral, por segunda vez. Sonrió en mordida hipócrita y se contentó. Como le explicó Machuca con su adaptación tan práctica, «las resentiditas quejas de destronado, te las guardás en el oscuro escondido que tenés depiladito – ¿cómo carajos se enteró?­–; si come él, comemos todos, ¿lo querés en la competencia?, ¿quién consigue que de la muerte de un loco se multipliquen las ganancias por las ventas de antidepresivos? Es un genio, un alud, los otros canales lamiendo el rating, descerebrándose para que los realitys asombren, acuciando a concursos de desafíos, retos vomitivos, lidiando con las patotas de inadaptados querellando los abusos a la integridad, pagando monstruosidades por exhibir lolas, y él saliendo héroe por un show directo del psiquiátrico que recaudó fondos para un nuevo edificio y audaces terapias. Familiares contentos, médicos, has las que les limpiaban el culito, felices. Así qué cortala con los complejos sino te dio la teta la madre que te parió, andá a terapia o al pabellón Insular de…»

Modosito, Carrasco, se sentó con el resto para continuar con la reunión creativa y barajar las posibilidades. Pensó en el porrazo, podrían iniciar con los analgésicos, quiroprácticos, spas… qué abanico.

–­ ¿Seguimos?

–­  Vale.

                                                                                                Rita María Gardellini

Las pinturas son obras de la artista plástica Silvia Castagnino.

Para poder admirar más de su maravillosa obra, abrir acá

   

   

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