Un pequeño adelanto del número 6 de #revistademencia

2016, lindo número

Por Rita María Gardellini Cavido

Siempre he demorado en ubicarme en los nuevos años, en esa fecha que debo escribir, y es placentero el gusto a nuevo de escribirlo, e inclusive equivocarse y tener que modificarlo; suelo prestar atención a las primeras veces en que lo utilizo, lo usual es que resulte en aburridos administrativos. Tal vez por eso el origen de este escrito, 2016 iniciará en una revista, Demencia, de la osada Daniela Cadavid, ¿muy significativo, verdad? En un año, les cuento.

Antes de las salutaciones, quiero permitirme un devaneo que en cada escrito ha comenzado a importunarme, los todas y todos; y ellas y ellos; y queridas y queridos… y como cierta comezón me irrita el ignorar el camino del que yo disfruto como humana pero asimismo me embolan las reiteraciones y las modas que deforman, y de hecho tampoco se puede abusar de los neutros: gente, persona… para todo, he decidido equilibrar: sumar a la economía del lenguaje, las estadísticas, y como solemos ser más nosotras además de que la humanidad se gesta como embrión hembra y recién a  la  octava  semana  de gestación, si “aparece” la famosa “y” se reorientará el diseño, habilitaré el uso del femenino para generalizar; había también pensado en el simpático tod@s pero tengo dudas, no tanto de su lectura  -asumo que ellas leerán “todas” y ellos “todos”- sino de su oralidad, ahí no resulta.

Realizada la salvedad, queridas lectoras[1], sigo.

Aletear al ritmo necesario, torpe o con maestría, en solitario o en bandada humana, en pereza de glotonerías o en dietas impuestas –por propia necedad o por necios impropios- pero siempre aprestando deseos, y, ¿cuáles serían? Los clásicos conllevan al irrefutable “amor, dinero y salud”; y en ese orden parecen acompañar los intereses de la vida, un promisorio y acertado amor en la juventud, luego el práctico dinero en la madurez hasta llegar a la imprescindible: salud… cuando comienzan a diluirse los años. Claro, que para los poetas, el amor no es una cuestión de edades y tiempos sino de esencia y hasta de efecto, enamorarse y el resto aparece o en defecto, su escasez se dibuja menos.

En concreto, se necesita más amor, compliquen, estorben o digan lo que quieran, pero el día que el bicho humano acepte su condición de vital animal amado y arme un entorno que lo haga posible, tendremos un mundo feliz, con una de esas felicidades cotidianas: la de alguien que te espere cuando regresás del trabajo, o se levante para cubrirte de noche, o te pregunte cómo te fue en el examen o camine veinte cuadras para comprarte cerezas…

2016, lindo número.

Que así sea.

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Pintura de Alejandro Alvarez Gardiol

[1] Si en toda mi vida jamás sentí invadida mi femineidad por ser incluida en un “queridos lectores”, acierto al creer que ningún hombre verá amenazada su hombría por estar en un “queridas”.

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