“Nunca debí dejarte solo” –           CARLOS RASERO RODRIGUEZ       

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La brillante insignia metalizada con ribetes de plata y dos estrellas de cuarzo, que más que decorar lo que conseguían era sobrecargar al emblema, crea  destellos a la luz poblada que inunda el Hangar 7, ecosistema y hogar de Margaret,  la primera máquina del Tiempo.  El comandante Harroth entra acompañado de dos reclutas y tres abogados, lo que me hace pensar en si el comandante se siente  más seguro con más abogados que soldados, entonces la cosa va en serio.  Habíamos trabajado  tantos meses previos teorizando sobre la posibilidad del viaje temporal, los posibles tiempos de viaje, las paradojas, las cuestiones físicas, cuánticas, y la posible imposibilidad nos helaba la piel, a cada muro en el camino, a cada iceberg  destruyendo nuestro propio Titanic. Muchos momentos de miedo nos asolaron durante largos estadios de inmovilidad pero, cuando el que paga es una organización secreta del Estado, la palabra imposible no puede estar en tu vocabulario, ni en tu mente, ni siquiera en el tiempo.

Mi nombre es Frederick Lamiar, es francés, al menos de lo que antes se conocía como Francia, ahora el mundo es solo uno y el “Estado” somos todos. Es lo que los Burócratas de Niveles suelen decirnos en los Nero Informes , una y otra vez durante los largos días sin sol bajo las acuosas cúpulas de lappcers. El mundo era inundado a diario  de la calidez de un astro que para nosotros, desde hacía unos seis años, solo era un recuerdo reminiscente en nuestra memoria. Suelen pasar cosas así cuando lo que haces es ultra secreto, es emocionante por un lado pero  triste por otro al comprender que a pesar de estar cambiando la historia, hay cosas simples vetadas para tipos que se sumergen en dichas empresas.

En mi vida anterior a esto, había sido profesor de Ciencias en la Facultad Tempore, en la ciudad que antes era conocida como Marsella. Compaginaba las clases con otra de mis grandes devociones, escribir cuentos de ciencia ficción, e incluso había publicado uno de estos relatos  en una  revistas literaria. Al menos antes de que desapareciera todo rasgo de libertad literaria. Decían que la tecnología era el nuevo dogma, yo siempre he creído que una cosa no tiene por qué atacar a la otra, ¿por qué el hombre cree que para crear una cosa hay que destruir antes otra? Cuando llevas mucho sin ver a tus amigos, sin tocar la vida del exterior, reflexionar sobre todo se convierte en un karma. Un día los chicos de uniforme vinieron, trayendo consigo a un delegado del Estado, un tipo con labia y con un par de conceptos científicos bien entrenados, una maleta llena de fotografías y una historia increíble, un reto intelectual. No tardé ni un segundo en decir que Sí.

EL experimento no era otro que “EL Proyecto Margaret”,  llamado así en honor de la científica temporal Margaret Simmons, la primera y única mujer con dicha distinción y madre de los “Nano-Micros de gusano”, la piedra roseta en el estudio Temporal. Yo soy un eslabón más de este engranaje y  seré uno de los pocos seres humanos espectador de dicha proeza.

Y ahora todo estaba preparado para el primer viaje temporal al futuro, con una desviación posible de unos cinco años, una localización concreta  y un grupo que se convertiría en los primeros viajeros del tiempo. Margaret  era una mediana pero estilosa  máquina parecida a las naves alienígenas de la imaginación colectiva, con espacio para al menos siete personas, con abastecimiento de oxígeno, agua y alimentos casi de forma indefinida. Cabía la posibilidad de entrar en un bucle temporal y caer una y otra vez en el mismo tiempo, desaparecer en una Nada enloquecedora. Podríamos errar en los cálculos e ir a un futuro demasiado lejano, ser incomprendidos por los seres de ese tiempo o llegar a un lugar donde la raza humana ya no existiese. Quizás hubiese otros seres o incluso la Tierra fuese solo un espejismo en el negro mar del Universo. Todos intentábamos rehuir la única consecuencia real, lo único más que probable, (aunque las demás posibilidades también debían tenerse en cuenta)  que Margaret sufriese una avería durante el proceso, y allá donde fuésemos no pudiésemos repararla, quedándonos encerrados en un tiempo ajeno de forma indefinida.

El primer cuento del que me sentí orgulloso, o al menos podía leerse y resultaba interesante, se llamaba  “No debí dejarte solo”. Era la historia de un adolescente que descubría  una máquina del tiempo entre los escombros de un edificio del campo universitario, en un acto juvenil de entrar en lugares viejos para encontrar cosas aún más viejas. Ocurren cosas extrañas cuando un chico en la pubertad viaja en el tiempo para conocer su futuro y  si la vida no le privará eternamente de la desaprobación de las chicas. Comprueba más cosas de las que quizás quisiese saber y vuelve al pasado, o a su presente,  ligeramente minutos antes de que ocurra el viaje al futuro, encontrándose consigo mismo. No quise entrar en el rollo ese de las paradojas y de las consecuencias que podría tener, solo dejé plasmada la situación al final del cuento, para que quien lo leyera, tuviese sus propios debates internos. Terminaba con la frase “Nunca debí  dejarte solo” diciéndose a sí mismo.  Parecía esto  una casualidad aterradora, o más bien producto del destino,  el que después de escribir sobre máquinas del tiempo, hubiese construido una.

Esto es solo una muestra como las  divagaciones pueden transformarse en karmas.

Pero ya no hay marcha atrás, el comandante Harroth sostiene una de las tres llaves de “INNACCIÓN”: encendido y despegue. Es el gran comandante la  unión entre nosotros, un atajo de cerebritos, con el mismísimo presidente del Estado. A veces me pregunto ¿cuántos proyectos secretos existirán actualmente? Más importante que este…lo dudo. Pensándolo me siento una estrella del rock.

Margaret, en sentido físico, no se movería ni un ápice, sería el tiempo el que lo hiciese, envuelta por una cúpula lappcers nuestra máquina se deslizaría por los años como lo hace un monumento al traspasar las décadas, pero sin sufrir la decadencia infligida por dicho tránsito, sería el espacio el que cambiase quedándonos inmóviles hasta el tiempo elegido. Algunos  compañeros solían explicar este proceso haciendo alusión al libro de H. G. Wells “La máquina del tiempo”, pues en esencia ocurría de igual forma al ser el tiempo quien se mueve y no la máquina. Otros divagábamos sobre la posibilidad de llegar a un tiempo donde hubiese una organización Temporal que manejase dichos viajes, algo parecido a “El fin de la Eternidad” de Isaac Asimov. Esta posibilidad constituía que dicha organización nos acogería como parte de ella, nos enseñarían todos sus conocimientos, aprenderíamos todo sobre los viajes en el tiempo, avanzaríamos siglos en todos los aspectos, seríamos hombres adelantados en nuestra propia línea temporal. Quizás este primer viaje fuese la chispa que encendiese la mecha, que llegásemos a un futuro en donde Margaret  fuese una antigualla, ante las nuevas y perfeccionadas máquinas del tiempo.

Durante una de nuestras conversaciones tras finalizar nuestras jornadas de trabajo, Varelia  Vaung, una de las ingenieras jefes en el proyecto, y a mi parecer de las mujeres más hermosas que recuerdo, estuvo intentando comprender como afectaría la vuelta a los viajeros temporales.

-…quiero decir, no me refiero a las repercusiones físicas, sino más bien intento colocar a esos viajeros del futuro volviendo a su tiempo…ya no serían de ningún lugar, en teoría.

-Espera, a ver si lo entiendo, según tú el tiempo que pasasen en el futuro repercutiría psicológicamente en ellos, al volver quizás fuesen más de ese tiempo que del nuestro.¿ Y si al volver no se sintiesen en casa? Quizás tuviesen la sensación de estar en otro lugar, en ningún sitio, pues eran de un tiempo, luego de otro…, se dan las condiciones para encontrarse entre dos lugares sin estar en ninguno.  ¿Esa es tu teoría?

-¡¡Wuauu!! Frederick, recuérdame llevarte, cuando esto acabe, a mi casa y explicas por mí a mis padres porqué llevan sin ver a su hija más de siete años.

-Sería un placer, ja,ja,ja. De todos modos  son solo conjeturas Varelia, nos estamos adelantando a los acontecimientos.

-Pero… ¿No es eso por lo que estamos aquí?

Si partimos de la idea de que  Margaret  se queda inmóvil, entonces es el futuro es el que viaja en el tiempo hacia atrás. Ello conlleva que cuando acabe el viaje, tanto la máquina como los viajeros, se encontrarán en el mismo lugar donde estamos ahora  pero años más tarde. Aquello se había preparado con minuciosidad. Lo preferible era viajar al futuro cercano, pero eso era imposible, la cantidad de energía requerida era ingente, nos colocaba en el escenario de que esa misma cantidad era poca para un viaje cercano, pero idónea para un viaje más largo, constituyendo esto una de las paradojas del tiempo, simplemente no teníamos explicación para ello. Así pues teníamos previsto visitar una Tierra doscientos años en el futuro, aunque era posible viajar aún más lejos.  Quizás entonces aquel lugar ya no fuese un Bunker con acuosas cúpulas, ni un laboratorio, quizás la misma organización que llevaba a cabo el experimento ya no existiese, fuese otro lugar en el mismo lugar. Las posibilidades eran infinitas.

Y entre esas infinitas posibilidades no podíamos obviar que durante el viaje ocurriese algo distinto,  que fuese  el mismo tiempo quien se desviase y cayésemos en otra línea temporal, en otra dimensión del tiempo. Las repercusiones podían ser catastróficas. Nos hallaríamos en el mismo lugar pero en otro plano existencial, en donde quizás no existiese ninguna máquina del tiempo, donde quizás el ser humano no fuese la raza dominante, la evolución no tendría que haber sido igual en otra dimensión. Quizás sean otros quienes gobiernen el mundo, quizás fuese una Tierra donde el cambio climático fuese más visible y no hubiese tiempo para desarrollar dicha tecnología. Caer en otro mundo paralelo sin tecnología y sin poder volver,  ese era otro escenario dantesco.

Pero a pesar de todas estas especulaciones con finales terroríficos el  “Proyecto Margaret” seguía su curso, el ser humano había creado una máquina para viajar hacia delante, y no estaba dispuesto a echarse atrás.

Los frutos futuros podían ser ingentes, el conocimiento de nuestro propio planeta dos siglos  en el futuro, del espacio, avanzar de forma descomunal en la  las nuevas tecnologías que seguramente tendrá el hombre del siglo XXIV. La medicina  y los nuevos aparatos médicos, podríamos seguramente  erradicar enfermedades, sin olvidar  que esos humanos del futuro pueden ostentar los conocimientos de un primer encuentro con otra raza de las estrellas .Quizás  comprendan la materia oscura y la energía, la controlen a su gusto,  de tal manera que puedan viajar rápidamente por el Universo.  Valía la pena todos los riesgos, sin duda.

Los viajeros a bordo de Margaret  serían siete: dos científicos temporales, dos ingenieros, dos militares de alta graduación y un sociólogo. Habían sido seleccionados en una larga y tediosa eliminación de posibles candidatos. Todos ellos, incluidos los militares, estaban aleccionados con los principios e información necesaria para afrontar dicho viaje.

No lo puedo negar, me siento enormemente desilusionado al no poder ser uno de ellos. Esto  me había surgido demasiado tarde, ostento la gloriosa edad de sesenta  años, no mayor, pero tampoco joven, aunque crea ostentar una mentalidad abierta y jovial . He entregado gran parte de mi vida a estudiar al Tiempo, no he  creado una familia, he conocido a pocas mujeres, mi esposa son las fórmulas aplicadas a los Nano Micros de gusano y mis relatos fantásticos.  No me siento mal por ello, siento que contribuyo  a algo más grande que un solo individuo, pero mi  edad es un inconveniente, a pesar de la seguridad de la máquina, nadie ha viajado en el tiempo con anterioridad y no pueden saberse las consecuencias físicas del mismo. Decidieron simplemente no arriesgar, siendo la única actitud hasta ahora, a mi parecer, en la que se mostraron conservadores.  A pesar de ello me reconozco  como una  pieza importante en los acontecimientos previos al despegue, mi aportación ha sido igual o mayor que aquellos seis elegidos, solo que la fama, si esto sale bien, no nos la llevaremos  nosotros, al menos en este tiempo.

La noche previa al viaje el sociólogo Alemán, o de aquel país que solía llamarse Alemania, compartió algunas ideas con un par de científicos temporales en los que yo estaba incluido, minutos antes de la cena.

-Imaginaos como sería el contacto con otra raza superior. Muchas veces hemos divagado sobre cómo sería el encuentro con una raza alienígena ¿verdad?, en cierto modo esto sería algo parecido. Compartiremos con ellos una herencia genética y social, pero es imposible descifrar como seremos dentro de doscientos  años.

-Socialmente no hemos cambiado en demasía estos últimos dos siglos, cierto es que tecnológicamente nada tenemos que ver con el hombre del siglo XX, pero cosas intangibles como la moral, los sentimientos e incluso la creencia de Dios se mantienen intactas a pesar del tiempo…quizás sean más parecidos de lo que creemos – Laura Dicken, primera de su promoción en ciencias comparativas del tiempo, no perdía oportunidad para dar su opinión sobre cualquier tema. Me resultaba  odiosa, guapa y metomentodo. No solía hablar mucho con ella.

-Todo eso es cierto, pero no debe entenderse como un dogma para comprender cómo seremos en el futuro. Veréis, al no poder descifrar los nuevos hallazgos ni los nuevos sucesos que ocurrirán durante ese espacio de tiempo que recorreremos, nos es imposible saber si esto que tenemos tan aprendido pueda utilizarse en la otra línea temporal.

-Ese es su curro doctor Marcus, por eso va con la tropa espacial – Francisco Martín, antropólogo jefe, un tipo simpático, durante estos seis años hemos pasado muy buenos momentos hablando de mujeres, poesía y apocalipsis posibles.

-Por eso,  y porque no me perdería algo así por nada del mundo – el doctor carcajea como si no hubiese mañana, agitando los brazos como alas de libélula, gritando como si estuviese cercano al éxtasis. Un tipo peculiar – Dejadme terminar…, bien ¿por dónde iba? Ah, sí, veréis, imaginar cómo fue el encuentro entre los españoles que llegaron a América y los nativos de aquellas tierras. Bien, casi siempre se utiliza esta situación para colocarnos en una pirámide de desarrollo con respecto a los alienígenas que podrían estar mucho más evolucionados que nosotros. Yo os propongo que os coloquéis en el pellejo de uno de esos nativos que veían al hombre blanco como de otro mundo, al que no entendían, que ostentaban tecnología superior, religiones y conceptos morales diferentes. Y ahora poneos en la piel del español que ve a los indígenas seres inferiores. Es terrorífico ¿verdad?  Solo son doscientos  años, pero cabe la posibilidad que haya ocurrido algo, que hayamos dado con una tecnología hasta ahora desconocida y hayamos viajado por las estrellas. Imaginaos una tierra diferente a causa del cambio climático, o dominado por otros sistemas políticos…, hay un sinfín de escenarios- terminó con otra de sus carcajadas de libres movimientos de libélula.

-Sin contar con la posibilidad de que hayamos sido invadidos  por una raza superior que quiere nuestros recursos naturales – de nuevo Francisco con su toque apocalíptico.

-Todo eso es relativo, puede pasar o no, es imposible saber que nos encontraremos, pero  nadie se pregunta que si esos hombres  del futuro no han viajado hasta aquí… ¿es porque los viajes en el tiempo son imposibles? Quizás todo esto no valga para nada- dije en uno de esos momentos pesimistas no faltos de razón.

-No tiene que ser así como ocurra – Laura se apresuró a contestar y expresar  su opinión  como siempre – Quizás no puedan volver o no hayan querido volver. Podría ser que en el futuro hubiese cosas, seres o personas que no nos convenga recibir.

-O se está tan bien allí que no quieren volver ¿verdad Doc? De todas formas es inútil hacer conjeturas tan dramáticas, si las hacemos al menos que sea para reírnos. ¿Las mujeres de dentro de dos siglos por fin me verán atractivo? Sé que mi momento llegará…aunque espero que sea en mi propia línea temporal – me encanta este Francisco, me sube el ánimo en mis los momentos pesimistas.

-Margaret desparece…desaparece en el tiempo- nuestro profesor dibujó en su rostro una enorme sonrisa y dando un pequeño respingo volvió a carcajear – Me encanta la hora de la cena ¿A vosotros no?

Quizás tu próxima cena sea dentro de mucho tiempo, y parece que va a ocurrir ahora.

El comandante Harroth introduce una de las tres llaves en el Reactor Lineal Temporal.  Jacob Brown, Científico Jefe, otra, y Pierre Emunet, Asociado del Gobierno, la última. Los tres giran las llaves en sentido de las manecillas del reloj al unísono.  Salvo los viajeros  temporales, los demás  nos encontramos  tras las mamparas firmes de lappcers, masticando los segundos antes del “Despegue”, forma en la que se denominaba al inicio del viaje.

Margaret  empieza a temblar, su gran peso hace bailar  al suelo cercano a su robusto centro, se crean punzantes sonidos, como una roca que se desquebraja erosionada por el agua que se congela entre sus grietas. El ruido es ensordecedor incluso detrás de las mamparas. Observamos cómo la cúpula que recubre a la nave ondula como el agua que recibe el impacto de una piedra, en círculos concéntricos hacia afuera. La tensión es  la música de nuestra era, nuestra propia marcha militar. De repente y casi sin dar tiempo a parpadear, la nave desaparece. Nada, solitaria superficie desnuda que segundos antes  albergaba a la posible primera Máquina del tiempo.

Espera… ¿ha ocurrido de verdad? No está… ¿está allí? Sostengo a mi propio brazo señalando un lugar indeterminado en un claro síntoma de pérdida del Norte. Escucho gritos de alegría, me abrazan, algunos besos, espero que sean de chicas, no veo más allá de las sensaciones. El hombre llegó a la Luna, a Marte, incluso salimos de nuestro sistema y hemos encontrado más de 50 planetas parecidos a nosotros… ¿cuántos habrán encontrado los hombres del futuro? ¿Podremos saberlo pronto? ¡¡Maldita sea!! Necesito sentarme. Nunca pensé como esto podría hacernos sentir. Me reconozco como un tipo lejano a mí mismo.

Intento asimilar todo esa información, esa daga de acero rozando partes orgánicas, un cerebro acostumbrado a lo posible, cerrado a lo utópico. Por mucho que seamos soñadores, nada es tan real como un reflejo en el tiempo, algo ancestral no es tangible, un abrazo es real mientras que un saludo que se pierde en el aire… eso no es un abrazo.

Me encontraba dispuesto a todo, a revolucionar al mundo. Ahora, frente a mi inconsciencia, está la realidad, la  existencia de algo de aquí en otro plano temporal.

Por mucho que escribiese e imaginase mundos diferentes, acciones imposibles y futuros lejanos, mi mente lucha contra sí misma para dejar entrar a la información verdadera que capta mis ojos con la nitidez de una fotografía digital.

No sé por qué ahora viene a mi cabeza ese joven que vuelve a casa y se dice a sí mismo  “Nunca  debí  dejarte  solo”.

 

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“Nunca debí dejarte solo” –           CARLOS RASERO RODRIGUEZ       

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