Marguerite Yourcenar – Opus Nigrum

Rigurosamente, casi de mala gana, aquel viajero, tras una etapa de más de cincuenta años, se esforzaba por primera vez en su vida en recorrer con la mente los caminos andados, distinguiendo lo fortuito de lo deliberado o de lo necesario, tratando de elegir entre lo poco que venía de él y lo perteneciente a lo indivisible de su condición de hombre. … No se es libre mientras se desea, se quiere, se teme, tal vez no sea uno libre mientras vive. Médico, alquimista, pirotécnico, astrólogo, llevó puesta, de buen o mal grado, la librea de su tiempo, había dejado que su época impusiera a su intelecto ciertas curvas. Por odio a lo falso, pero también a causa de una fastidiosa acritud de humor, había participado en discusiones de opinión, en que un Sí inane responde a un No imbécil. Aquel hombre tan lúcido se había sorprendido a sí mismo al hallar más odiosos los crímenes, más necias las supersticiones de las repúblicas o de los príncipes que amenazaban su vida o quemaban sus libros, inversamente, había llegado a exagerar los méritos de un asno mitrado, coronado o “tiarado” cuyos favores le hubieran permitido pasar de las ideas a los actos. Las ganas de ordenar, de modificar o de regentar al menos un segmento de la naturaleza de las cosas lo había arrastrado a remolque de los grandes castillos de naipes o cabalgando sobre humo. Hacía el recuento de sus quimeras.

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Marguerite Yourcenar – Opus Nigrum

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